Esta criatura alguna vez fue una de las mascotas favoritas de Drácula. Luego de la muerte de su amo, Talzur lo veló impasible bajo la lluvia de sangre tóxica que cayó por siete días y siete noches. Al contrario de las muchas criaturas que sufrieron con el diluvio, Talzur acogió la agonía y, con el amor y devoción que sentía por el rey tirano, canalizó el torrente de odio en una maldición que la convirtió en el Horror Alado.